14 December, 2009

La misma película de siempre

El otro día pensaba que llegar a la adultez es saber exactamente lo que va a pasar y no hacer nada para evitarlo.
Así es como nos descubrimos todos los días siguiendo patrones de conducta que parecen ser inamovibles, aunque no necesariamente sean cosas que molesten o que uno quiera cambiar.

Un ejemplo claro: el cine o teatro.

Un poco más o un poco menos, todos hacemos siempre las mismas cosas. Cuando estamos en la cola, siempre viene un “rompecola” (chabacanos abstenerse) que pide permiso y la atraviesa; de ahí en más, como si fuera una ley, todo aquél que tiene pasar lo hace por por ese lugar. No se puede pedirle permiso a otro y que se corra, no. Hay que pasar por donde la fila ya se abrió.

En el caso de los cines, está esa otra rara costumbre de comprarse un balde gigantesco lleno de pochoclos. Parece que el único lugar donde se come pochoclos es el cine, entonces cada vez que vamos tenemos que vaciar un container, como si hubiéramos estado tomando carrera durante dos meses.

Elegir el lugar para sentarse no es una cuestión que se pueda dejar al azar. Cuando se va en pareja, aunque nadie lo diga todos sabemos que uno miró para un lado y el otro para el opuesto. Por supuesto, se preguntan en voz alta y ambos contestan “donde vos quieras”. Ese “donde vos quieras” nos lleva a ser golosos y sentarnos demasiado adelante y terminar con una contractura cervical incurable, o demasiado atrás y no ver nada, lo cual nos hace preguntar qué dice el subitutilado o estudiar inglés intensivo para la próxima. Porque, como todos sabemos, el lugar ideal ya está ocupado. Para mí hay gente que trabaja de estar sentada en los mejores lugares del cine, sólo para fastidiarlo a uno.

Graciadió, alguien se dio cuenta que poner asientos autoreclinables no sumaba en absoluto y dejaron de usarlos. Eran insoportables, uno se levantaba 10 centímetros para sacar algo del bolsillo y hop, se le levantaba el asiento. Qué ganaban con eso, me pregunto yo. Porque espacio seguro que no, si uno ya venía esquivando rodillas desde que entró.

Y para que la velada sea perfecta, uno tiene que conquistar el territorio más peleado de toda la historia después de Palestina: el apoyabrazos. Hay quienes dicen que a cada uno le corresponde el derecho, teniendo cada uno el suyo asegurado, pero jamás se cumple. Según mi parecer, en estos casos tiene que prevalecer el más fuerte. Ahí no hay amor, no hay compañerismo, no hay nada. Pensalo, si perdiste el apoyabrazos te comés dos horitas con la mano en el regazo incomdísimo como una monja de clausura. No way, no es negociable.

Algo que suele suceder es terminar haciendo una córeo con el que se sienta al lado. Uno cruza las piernas, el otro también. No da, y menos si son dos amigos hombres. Hay que mantener las formas.

Y todos estos sufrimientos para que después veamos películas en donde el bueno mata a trompadas a 35 ninjas, la mina se levanta de la cama tapada con la sábana o algún paspado piensa en voz alta mirando a cámara.

No aprendemos más.


Los huevos llenos de pochoclo.

9 comments:

florinónimous said...

antes que nada: por fin una foto casi como la gente!!

me hiciste reir mucho! y reflexionar sobre los malditos personajes que hacen ruido comiendo pochoclos (mi marido es uno de ellos)por dios qué gente! además después termina siendo más molesto el "SHHHHH" a coro que el ruido de los pochoclos en sí.

Lo del apoyabrazos es como el pasamanos del subte, la bajás y enseguida te lo sacan.

eMe said...

jajajajajaaa lo de la pelea por el apoya brazos es mortal, y eso de que hay gente que labura de estar sentada en los mejores lugares debe ser así nomás. Yo apoyo esa teoría, totalmente!!!

Los amigos del duende said...

Diagale no a los pochoclos...
1 Son caros...
2 Si compras el BALDE, es tremendamente atorador, increiblemente grande... y casi imposible de terminarlo...
3- son una mierda... para andar abrazado al tarro gigantezco ese...

NO ME VA!!!! sorry si voy al cine me llevo mi pico dulce, mi coquita... y no peleo por un apoyabrazo... proque nunca hay nadie en los cines...

Carlite said...

Lo que pasa es que en muchos cines no te dejan entrar con nada de afuera, y te obligan a comprar ahí.
En La Plata, uno entra al cine con una bolsita con la coca, alfajores o lo que quieras y nadie te dice nada.
Igual, el pochoclo es en cierto modo como los maníes: si no hay no importa y nadie los extraña, pero si hay, es como algo que no se puede dejar de comer.

Flavio said...

El cine es un golazo cuando una película ya está por dejar la cartelera; vas y te sentás donde querés, no hay que hacer colas con la chusma, no hay pendejos compitiendo por hacer el chiste más pelotudo, etc.

MARIA2 said...

SEAMOS SINCEROS.Lo del pochoclo es una cuestion de numeros. Yo me llevaria un carton asi lleno de chocolatitos , pero al fin del dia se meue un fangote, y al otro el higado pide a gritos salirse de mi estomago. Asi que llevo un bocadito o dos y pochoclo para rellenar. Algo peor pasa en el cine, dos o tres viejas hablando atras.

Flavio said...

"...y al otro el hígado pide a gritos salirse de mi estómago."
Salvo que haya sido en sentido figurado, Anatomía directamente a marzo.

Diego said...

Fui a ver la ultima de Jim Carrey, y te juro que nunca, pero nunca en la vida vi gente tan ruidosa, hablando unos con los otros y comiendo pochoclo en baldes mega familiares con coca aguada y tibia.
No voy mas al cine

Mariana said...

Yo me quedé colgada en el tema de las colas. Algo le pasa a la gente con eso, y ya deberíamos haber aprendido cierta etiqueta en un país como éste, en el que se hace fila para todo. Ayer estuve haciendo cola durante una hora y media (después les cuento para qué), y me da fiebre ver cómo cierta gente (especialmente el target "jovata") empieza a rebuznar, que por qué se tarda tanto, y yo voy a ver qué pasa, y cuidame el lugar que ya vengo, etc. Y lo que más me embola es que nadie se queda en su sitio; todos empiezan a adelantarse para finalmente terminar a tu lado, creando una simultaneidad en el orden que es, justamente, lo opuesto a la definición de fila (ayer una vieja me aguijoneaba la espalda con un libro que estaba leyendo, ¡por favor!). Ale: te pasa siempre lo de la gente que rompe la fila por donde estás vos porque debés ser de los míos: no respirás en la nuca del que tenés adelante (como hace la mayoría), sino que dejás una distancia prudencial, digna, y por eso se te meten.
Perdón por tan largo comentario.